12 abr. 2013

PERDÓN


Muerto de tres meses y ahora emblema de la resurrección con permiso del 21. Matizar todo esto se antoja necesario. 
Empezamos en diciembre: el nerviosismo glotón que inundaba nuestros espíritus por aquel entonces nos convertía en pandilleros fumados disparando a lo loco por las calles, pues el caso era eliminar algo, lo que fuese, de tan negro que estaba el asunto. Así, cuando Oltra se cebó con Domínguez (seguimos creyendo que con justicia) y lo envió a la grada, algunos majaras gritamos yiha! y vimos el camino allanado para que Bergantiños, nuestro tótem, el box-to-box de instituto, se afianzase como eje emocional hasta final de temporada. Estábamos desquiciados por completo. Pretendíamos ganar la batalla soltando a un soldado ensangrentado en primera línea de combate, con su gran bandera al viento, lleno de adrenalina pero sin armas ni estrategia. Valor! Toda esa mierda que no veíamos en el minga fría de Narón. 
Llegado enero, había tan poco oxígeno en nuestros cerebros que hasta llegamos a sonreir patéticamente cuando Juan sonó para el Swansea. Aire! Llévate lejos tus andares de pingüino! Pensamientos que sonrojan a distancia, mucha vergüenza. Lendoiro, finalmente, le entregó la ilusión por renacer a Fernando Vázquez y, tras un mes un tanto obtuso, decidió sacar del cajón al 10 con la intención de hacerle la vida más fácil a la pelota. Lo hizo delante de tres compromisos vitales pero asequibles al fin y al cabo, asequibles porque aunque el equipo rozase la muerte todos tenemos claro lo malos que son Resino, Manzano y Jiménez. Pues bien, nueve de nueve y el careto de Domínguez hasta en la sopa, acompañado de titulares que echan mano de conceptos ligeros de cascos, como la posesión y el buen fútbol, así a lo grande. Tampoco es eso. 
No vamos a negar las cualidades técnicas de nuestro canterano (aunque le falte imaginación, y a veces un par de hostias), pero ponerlo por encima de un Riki, de un Marchena o del encomiable esfuerzo portugués significa hacerle un flaco favor al chico. Es cierto que su madriguera huele a parquet y a toque distinguido, pero el punto y aparte no es producto exclusivo de su participación. Vázquez ha hecho muchas más cosas, y más importantes. Luego está la desdicha: podríamos hablar de Álex, de su culo roto, de su cara huesuda y un tanto culpable oteando desde el banquillo. Qué va, vamos a pasar. Estamos contentos así, es sólo que no queremos cagarla olvidando otra vez.  Forza Depor!

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